López Trigo: “No se ha desarrollado de forma adecuada algunos aspectos relacionados con la atención sanitaria en cuanto a dependencia y prevención”

El presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y médico especialista en Geriatría, José Antonio López Trigo, será ponente en el II Congreso Intersectorial de Envejecimiento y Dependencia del 27 y 28 de septiembre en Jaén.

En esta entrevista expone los principales problemas de la atención especializada a las personas mayores, cómo desarrollar la autonomía personal y cuál es el estado de la figura del geriatra en España.

Sintetizando muy brevemente su ponencia, ¿cuáles son los factores clave que usted destacaría en la promoción de la autonomía personal?
Los factores clave se basan en el desarrollo de toda una vida saludable, no solo de un envejecimiento activo. Esto implica principalmente participar en la sociedad como uno más y cuidar tanto del estado físico como del psíquico y emocional. 

¿Cuáles son los principales obstáculos que encuentran las personas mayores para poder vivir de forma autónoma?
Existen multitud de obstáculos ambientales que dificultan la accesibilidad. Ciudades, pueblos pequeños, comunidades de vecinos o multitud de infraestructuras que, por su complejidad, resultan poco amigables con las personas mayores y complican su autonomía. 
También hay otro factor importante que no es nada nuevo, aunque parece que ahora se trata más en los medios de comunicación: la soledad. Esta termina minando a las personas mayores que, al tener que manejarse solas día a día, tienen que hacer frente a una serie de problemas de todo orden que terminan comprometiendo su autonomía. En este asunto afectan desde factores relacionados con problemas emocionales hasta auténticas enfermedades físicas.

En el caso particular de España, ¿cuál es la situación general en la promoción de la autonomía personal? ¿Existen particularidades importantes en relación a nuestros vecinos europeos?
Es curioso que con la ley avanzada y moderna que tenemos (sin estar exenta de crítica), llamada “Promoción de la autonomía personal y prevención de la dependencia”, nos hayamos quedado al final solo con la parte de la dependencia. Es más, se ha dejado aparcada la prevención para poder hacer de esa ley el paradigma de la atención a la dependencia. Sin embargo, si nos hubiéramos volcado en la primera parte, tendríamos un panorama muy avanzado en prevención y, en consecuencia, habría que destinar menos recursos a la atención y a los cuidados.

La situación en nuestro país, por desgracia, es desigual por el régimen de aplicación y administración desde las comunidades autónomas, que hace que en muchas ocasiones el desarrollo de cualquier servicio no sea armónico ni simétrico, sino que vaya por caminos diferentes. 

Si nos comparamos con el entorno europeo, estamos aceptablemente bien, sobre todo en tasas de envejecimiento o índices como la esperanza de vida al nacer o a los 65 años. Pero hay índices no tan satisfactorios relacionados con la calidad de vida a medida que envejecemos. 

Hay que destacar que tampoco estamos desarrollando de forma adecuada algunos aspectos relacionados con la atención sanitaria en cuanto a dependencia y prevención. Por un lado, los dispositivos de atención a las personas mayores son insuficientes. Por otro, la desigualdad entre comunidades autónomas también implica que una persona, por haber nacido en un determinado lugar, pueda disfrutar o no de un determinado tipo de servicio especializado. 

Todo esto no significa que haya que ofrecer una atención geriátrica especializada (incluyendo aquí fisioterapia, terapia ocupacional, psicología, enfermería, medicina, etc.) para todas las personas mayores que no tengan problemas graves de funcionalidad y autonomía. Este servicio debe existir para atender a aquellas personas más vulnerables o con necesidades específicas, igual que a una persona que se rompe un hueso se le deriva al traumatólogo. 

La figura del pediatra está asentada en la sociedad. En cambio, a la figura del geriatra todavía le queda camino por recorrer de cara a su conocimiento social, ¿por qué cree que ocurre esto? ¿Qué medidas hay que fomentar para poner en valor la figura del geriatra y que vaya penetrando y asentándose cada vez en la sociedad?
El conocimiento social de esa figura, que por fortuna es cada vez mayor, depende de una voluntad política para hacerlo efectivo. Esto no significa que se requiera más gasto o inversión, sino que hace falta una adecuación o reubicación de los servicios y ponerlos a disposición de las personas. 
Hay especialidades como la hematología, por ejemplo, que no son de dominio popular, pero son servicios que se ofrecen cuando son necesarios y sin que la ciudadanía salga a protestar exigiendo unidades de hematología. Lo mismo ocurre con la geriatría: no es necesario que las personas mayores lo reclamen, aunque lo hagan igualmente, para que haya servicios de atención especializada. La realidad y el cambio demográfico son los que hacen imprescindible ese servicio, pero quien tiene la posibilidad de desarrollarlo debe analizar con acierto las necesidades de la población para poder dar una respuesta adecuada. 

Esta situación hace que se dé una inversión de valores. Utilizamos términos como reto demográfico o crecimiento eclosivo de la población, pero lo cierto es que el aumento de la esperanza de vida es el mayor logro social de la historia y lo estamos convirtiendo en una carga para la sociedad. Se dice que son los que consumen los recursos, los que hacen caro el sistema y van a acabar con él… Deberíamos estar celebrándolo.

En la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que celebra este año su 70º aniversario, ¿cómo se ha avanzado en este terreno?
Con las limitaciones propias de una sociedad científica, siempre tratamos de no caer en un pecado muy común en este tipo de organizaciones, que es la endogamia, es decir, acciones solo para consumo interno. Por ello, tratamos de sacar la sociedad a la calle, en parte gracias a nuestra fundación Envejecimiento y Salud, que tiene los cometidos más directos de trabajo con personas no profesionales que se mueven en el ámbito del envejecimiento.
Desde hace años llevamos a cabo diversas campañas dirigidas a personas mayores para incentivar la autonomía personal. Con ellas tratamos de, por ejemplo, concienciar de la importancia de la vacunación de la gripe, transmitir hábitos saludables y de buena alimentación, ofrecer programas de estimulación cognitiva, etcétera. Hay que destacar que hemos puesto un especial empeño en la promoción social para que las personas mayores ejerzan el liderazgo social que les corresponde, que es mucho mayor que el que esta sociedad les otorga actualmente.