Dra. Mª Dolores Braquehais: “Ahora, más que nunca, cuidar a los profesionales de la salud es un deber y no un lujo en cualquier sistema sanitario del mundo”

La médica psiquiatra y jefa clínica de Hospitalización del programa PAIMM Barcelona de la Clínica Galatea, la Dra. Mª Dolores Braquehais, intervendrá en la V Jornada Clínica del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) 2020, que tiene lugar este jueves 25 de junio, que ofrecerá la ponencia ‘El PAIME y la COVID-19: ¿Qué está pasando? En esta entrevista, resalta que “hora, más que nunca, resulta ineludible plantear que cuidar a los profesionales de la salud es un deber y no un lujo en cualquier sistema sanitario del mundo”

Madrid medicosypacientes.com/ Sara Guardón

Durante la entrevista, pone en valor la labor de la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial (FPSOMC) y su Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) y la Fundación Galatea que atienden desde hace más de 20 años profesionales con problemas de salud mental y/o adicciones. “Sería deseable que la atención y el cuidado a los profesionales de la salud se integraran, de ahora en adelante, en nuestro quehacer. En una palabra, salir del voluntarismo y pasar a considerar que la ayuda al que ayuda debe estar integrada en las instituciones y financiada de manera suficiente”, señala.

1. ¿Cómo ha afectado la COVID-19 a la salud mental de la profesión médica?

El personal sanitario, en general, y los/as médicos/as, en particular, se han visto confrontados a situaciones muy difíciles durante la pandemia. Sobre todo, en países, como el nuestro, donde la mayoría no habían experimentado circunstancias similares a lo largo de su carrera profesional ni tampoco a nivel vital. 

La naturaleza e intensidad del sufrimiento que han experimentado depende de muchos factores: disponibilidad de equipos de protección individual; sexo; edad; experiencia profesional previa; grado de exposición al virus por el puesto de trabajo; nivel de responsabilidad; vivencias a las que hayan tenido que enfrentarse en cuanto al acompañamiento a enfermos, moribundos o familiares; tener personas a cargo en el domicilio, como niños o mayores; factores de vulnerabilidad individual, como la presencia de trastornos mentales premórbidos; grado de soporte social o afectivo, estilo de afrontamiento personal; o sentido vital o espiritual que pueda darse a las situaciones que han vivido. 

Y no es lo mismo la respuesta en la fase de explosión de la pandemia que en las siguientes, ni tampoco en zonas de menor incidencia de casos que en las más afectadas. La respuesta también depende de los recursos del sistema sanitario disponibles en cada territorio o institución en concreto. Otros factores intervinientes, aunque más distales, por decirlo de algún modo, tienen que ver con la transparencia en la información y la claridad en las instrucciones preventivas o terapéuticas por parte de las autoridades sanitarias y políticas. 

Por otro lado, en España se han contabilizado oficialmente más de 50.000 profesionales sanitarios contagiados. Para algunos, ha sido precisa la hospitalización, otros, incluso, han fallecido y los que no se han contagiado pueden haber temido por la salud de sus compañeros. Aquellos que se veían obligados a la cuarentena se sentían, a menudo, indefensos e impotentes por no poder ayudar en primera línea. 

Por tanto, a la hora de hablar del impacto en la salud mental de los profesionales hay que tener en consideración muchas variables. Es, como suele suceder con todo lo humano, un fenómeno complejo. 

2. ¿Qué factores de la actual pandemia pueden desencadenar un trastorno mental y/o una adicción entre los médicos?

De una manera simplificada, el trastorno mental, incluyendo las adicciones, puede emerger cuando se sobrepasa la capacidad de resistencia del individuo bien por la intensidad de la experiencia traumática que no se puede elaborar, bien por la incapacidad del sujeto, en sus dimensiones corporal, mental y espiritual, para lidiar con dicha situación o cuando confluyen ambas. En una situación extrema de amenaza a la supervivencia y ante duelos de diversa índole, como se han vivido, en primera persona, durante la pandemia, las emociones más frecuentes tienen que ver con la activación del sistema de alerta (miedo, aprensión, insomnio, ansiedad) o con la pérdida (tristeza, abatimiento, agotamiento). En las publicaciones más recientes, al menos el 40-50% de los profesionales en primera línea referían dichos síntomas. 

No obstante, la presencia de dichas manifestaciones del malestar no implica que padezcan un trastorno mental. De hecho, de alguna manera, se trata de una reacción emocional congruente con el contexto. Es cuando se produce una claudicación de la capacidad del sujeto de tolerar y elaborar dichas emociones cuando puede aparecer un trastorno mental. Es, por decirlo metafóricamente, cuando el sujeto se rompe y ya no puede seguir adelante cuando hay que pedir ayuda. Los trastornos mentales pueden, entonces, presentarse de diversas maneras. 

El consumo de alcohol o el uso de sedantes pueden ser, en dichas circunstancias, estrategias inadecuadas de manejo del malestar emocional pues no favorecen un buen afrontamiento y pueden incluso acabar convirtiéndose en una adicción. 

3. ¿En qué medida considera que esta Jornada que se celebra ayuda a trabajar en la prevención y abordaje de los médicos y médicas necesitados de atención ante el gran impacto que la pandemia de la COVID-19 ha tenido sobre la profesión?

Creo que el lenguaje y la reflexión en común nos pueden ayudar a elaborar, de algún modo, lo sucedido. También es momento de poder compartir no sólo las vivencias que tenemos como terapeutas PAIME sino de revisar la creciente evidencia científica disponible sobre el impacto en la salud mental de los profesionales de la salud de la COVID-19. 

Ahora, más que nunca, resulta ineludible plantear que cuidar a los profesionales de la salud es un deber y no un lujo en cualquier sistema sanitario del mundo. No se trata de un mero adorno sino de una necesidad insoslayable. Esperemos que la preocupación por nuestros profesionales no se extinga, sino que se siga, a medio y largo plazo, de acciones que consoliden la importancia de cuidar al cuidador e integrar dichas acciones en nuestro sistema. 

4. ¿Qué acciones podrían realizarse para trabajar en esta dirección? ¿Existe algún plan puesto en marcha?

Son varias las instituciones que, como decíamos, se han volcado en ofrecer ayuda a los profesionales de la salud. 

En concreto, por lo que respecta a la Fundación Galatea, desde el Estado de Alarma, se puso en marcha un programa de apoyo psicológico telemático (programa TELESOPORTE ) que inicialmente se ofreció a todo el personal sanitario de Cataluña que lo precisara durante la pandemia. 

Gracias al patrocinio de la Fundación La Caixa y de otras entidades, así como merced al impulso del Consejo General de Colegios de Médicos, de Enfermería y de Psicología de España, desde abril se amplió la prestación de este servicio al resto de España. Este servicio, a nivel estatal, se ha integrado con la red PAIME de manera que hemos podido aprovechar vías ya existentes, sumar esfuerzos y crear, al mismo tiempo, nuevos canales para que, quienes necesitaran ayuda en estos momentos, pudieran acceder a ella.

También desde la Fundación Galatea se ha trabajado y se sigue trabajando, sobre todo en Cataluña, con equipos naturales o instituciones que han solicitado un tipo de apoyo emocional dirigido por un experto. 

En cuanto a la Clínica Galatea, se ha hecho un esfuerzo extraordinario para poder adaptar nuestra cartera de servicios a las nuevas circunstancias además de haber intensificado la frecuencia y disponibilidad de la atención pues los profesionales de la salud con trastornos mentales eran un colectivo más vulnerable en estas circunstancias. Gracias a las nuevas tecnologías hemos podido seguir ofreciendo atención individual y grupal, coordinarnos a nivel asistencial y hemos creado nuevos programas de intervención (como el domiciliario intensivo) que han permitido cubrir las necesidades más acuciantes cuando había medidas de distanciamiento social o indicación de cuarentena que desaconsejaban la hospitalización. 

Ahora estamos en un nuevo escenario y seguimos trabajando por readaptarnos a él sin dejar de intentar cuidar a los que cuidan. 

5. En su opinión, ¿qué es lo que está por venir? 

Puede que ahora emerjan algunas emociones que, en el fragor de la respuesta a la pandemia, quedaron, de algún modo, aplazadas o que se contuvieron para poder dar respuesta a lo más inmediato, que era atender a los enfermos y moribundos. 

Los/as médicos/as, desde los primeros años de formación y a lo largo de la carrera profesional, vamos desarrollando, imperceptiblemente, mecanismos de defensa que nos permiten lidiar a diario con el sufrimiento, el dolor y la muerte. Estas estrategias inconscientes, útiles para poder acompañar al otro en su malestar, pueden volverse en contra cuando se trata del propio sufrimiento, de pedir ayuda o dejarse ayudar en momentos de zozobra o claudicación. No es infrecuente, entre los profesionales de la salud, la negación, minimización o racionalización de emociones desagradables, el aplazamiento de las necesidades propias y el abandono del auto-cuidado. Cuando el malestar desemboca en un trastorno mental, todas esas defensas dificultan la petición de ayuda lo que puede acabar complicando el pronóstico.

En ocasiones, para paliar el malestar se puede tener la tentación de recurrir al consumo de alcohol o la automedicación lo que dificulta la adecuada elaboración de las emociones además de aumentar el riesgo de desarrollar dependencia a alguna sustancia. 

Cuando revisamos la evidencia científica disponible acerca del impacto de otras pandemias recientes, como la del SARS de 2003, en Asia, vemos que, tiempo después de la fase aguda, se incrementó la prevalencia entre profesionales de la salud expuestos de trastornos mentales, afectivos y ansiosos, mayoritariamente, pero también de adicciones en comparación con la presencia de dichos trastornos en circunstancias de no excepcionalidad. 

Por todo lo anterior, sería deseable que la atención y el cuidado a los profesionales de la salud se integraran, de ahora en adelante, en nuestro quehacer. En una palabra, salir del voluntarismo y pasar a considerar que la ayuda al que ayuda debe estar integrada en las instituciones y financiada de manera suficiente. También hay que incluir a lo largo de la carrera profesional, desde el pregrado, una sensibilización hacia el auto-conocimiento y el auto-cuidado. Saber encontrar el equilibrio entre poder tener la fortaleza que nos permite acompañar al otro en su dolor sin dejar de cultivar el cuidado de sí, la atención a las propias emociones y la aceptación de las limitaciones propias, de nuestra vulnerabilidad.

6. Dentro de la profesión médica, ¿quiénes son los más afectados? Especialidades, recién licenciados…

La evidencia científica, disponible a día de hoy, apunta a que el impacto en la salud mental es mayor entre quienes hayan trabajado en primera línea (Urgencias, UCI, plantas hospitalización COVID, atención primaria o ambulancias), entre quienes tienen menor experiencia profesional, entre las mujeres, los jóvenes tienen mayor miedo al contagio y los mayores no sólo temen el contagio sino morir como consecuencia de la infección. Parece que los profesionales en la mitad de su carrera profesional, aún expuestos a estas circunstancias, han podido resistir mejor. Uno de los factores clave en las reacciones del espectro ansioso ha sido la falta de medios de protección, especialmente en la primera fase de expansión vertiginosa de la pandemia y entre quienes estaban más expuestos. A nivel ocupacional, también hay que tener en cuenta los factores individuales (tipo de relación contractual, nivel de responsabilidad, adopción de nuevas funciones asistenciales para las que no había entrenamiento previo) y otros institucionales (tipo de institución en que se trabajaba, ámbito público o privado, ambulatorio u hospitalario, entre otros) que también es preciso considerar desde el punto de vista profesional.

7. ¿Cómo han variado los ingresos en la red PAIME con la actual pandemia?

En Cataluña, además de los casos atendidos por el programa TELESOPORTE y las intervenciones en grupo, en todos los colectivos menos, curiosamente, en los/as médicos/as, hemos observado un incremento de primeras demandas de ayuda a nivel ambulatorio. 

Esto puede deberse, como hemos mencionado antes, a que en el momento álgido de la pandemia muchos de los que necesitaban ayuda lo hayan pospuesto pues tenían que hacer frente a otras necesidades perentorias. Por otra parte, algunos pueden haber recurrido a los recursos de apoyo psicológico ofrecidos en los propios centros de trabajo o por parte de instituciones relacionadas con la salud mental. 

En cuanto a la hospitalización en la Clínica Galatea, se restringió a los casos en los que no hubiera sospecha de COVID-19 y se habilitó, como he comentado antes, un servicio de atención domiciliaria intensivo, mayoritariamente telemático pero con opción de atención presencial en casos de necesidad, que permitió seguir ofreciendo un abordaje integral reforzado para los casos que no pudieran ser hospitalizados. 

Dicho esto, desde hace unas semanas estamos empezando a constatar un incremento de demandas y creemos irá a más en los próximos meses. 

8. ¿En qué medida es esencial la protección social que ofrece la FPSOMC en estos momentos a los médicos y el Programa de Atención Integral de Médicos Enfermos?

La FPSOMC y la red PAIME han tenido un papel activo y de liderazgo no sólo a la hora de proteger y cuidar los/as médicos/as en estas circunstancias sino también para  promover que ese espíritu que anima al PAIME, el de cuidar al que cuida, velando, al mismo tiempo, por la seguridad de la praxis profesional, se extendiera a otros profesionales de la salud en un momento tan crítico como la pandemia. El Programa TELESOPORTE del que antes hemos hablado es una buena muestra de ello.